Nourathar, el arte de tocar con luces de colores [capítulo II]

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Segundo capítulo del libro Nourathar, the fine art of light color playing (publicado en 1946) de Mary Elizabeth Hallock Greenewalt, en el que explica el porqué del nombre de su nueva forma de arte basada en la combinación de luces de colores y música. La traducción es mía:

La historia completa de este mundo, hasta el presente siglo, comprende la creación y práctica completamente desarrolladas de cinco medios de expresión considerados bellas artes. Uno puede entretenerse largo y tendido —«relamerse», «chuparse los dedos»— pensando en la infinita variedad de placeres que evocan sus nombres: Música, MÚSICA; Poesía, POESÍA; Pintura, Escultura, Arquitectura.

Hay tan pocas artes porque los medios que pueden ser utilizados para el propósito son sumamente escasos. Estos, como el sonido, como la pintura, deben ser lo suficientemente refinados, completos, flexibles y variados como para estar a la altura de la interacción de valores, calidades y cantidades —en un sentido amplio— de la infinidad de sutilezas, variaciones y sombras contenidas en los sentimientos. Es un hecho obvio.

A estas cinco artes ya mencionadas, yo, gracias a un trabajo duro, una determinación obstinada y lágrimas de sangre, tuve la temeridad y fuerza de voluntad de añadir un sexto arte.

La necesidad de acuñar una nueva palabra prueba la invención, la creación verdadera. Sirve como testimonio de la primera aparición. Esa ocasión será citada en esta obra más de una vez.

La madre pone nombre a su hijo. Es, en cierto sentido, una prueba de la maternidad. Por lo tanto, soy yo quien ha puesto nombre a este nuevo arte, sin vacilación ni trabas, soy yo quien lo ha concebido, originado, explotado, desarrollado y patentado. He estado con él hasta que su operatividad fue puesta en práctica; su gran valor probado más allá de cualquier reparo o duda. Sé que todo eso ya fue ofrecido antes y es ofrecido desde entonces. No cometo el error de afirmar que esto, el sexto arte que existe, es una invención mía.

Después de buscar raíces, investigar muchas lenguas y descartar sugerencias, decidí llamarlo NOURATHAR. Este nombre consta de dos raíces árabes. Nour se refiere a toda la luz, en contraposición a una luz específica, como una lámpara, una vela y demás. Athar sugiere «esencia de», «sabor de», «influencia de». Ambas raíces remiten a algo extenso y penetrante, tanto por separado como, en este caso, considerándolas como unidad.

Esta sexta «bella» arte, y el «bella» no puede acentuarse demasiado al nacer, comprende los medios para practicar un método que consiste en utilizar luz como medio de expresión humana. Los infinitos valores, cualidades y cantidades contenidos en el rayo espectral, la raíz de todos las tonalidades de los ojos, sin importar cómo son vistas, están en este arte manejado con tanta movilidad, controlado con tanta flexibilidad que permite sugerir a los sentimientos humanos la proyección de sus colores. Estos son creados, tienen su razón de ser, a través de este juego. Son sentidos, emparejados, mejorados, contrastados y combinados.

Este arte eleva la física de la luz a través de lo fisiológico, despierta lo psicológico hasta llegar a la filosofía del sentimiento. Puedes llamarlo estética, si quieres. Esto se consigue utilizando un instrumento. Es manejado por una persona. El propósito es mostrar a través de los tonos y matices de la luz que produce, a voluntad y de momento en momento, algo de lo que sucede dentro del artista, algo que el artista desea que el público perciba y sienta. El concertista cruza de esta manera y a través de este medio la brecha entre sus sentimientos y los de su público. Estableciendo la idea de la «bella luz sin par», con un amor incomparable, el artista genera por este medio una mayor compresión común muy valiosa entre persona y persona.

A través de este arte, la desorganización del color se representa ordenadamente. Se mide, se reintegra, se combina y se controla. Se puede ordenar de manera tan exacta y refinada que sea posible anotar y registrar las secuencias creadas, y marcar el tiempo para duplicarlas o volver a reproducirlas en los instrumentos construidos para tal propósito.

La forma de su ser, sus variadas necesidades instrumentales, sus fases y excelencias de práctica serán expuestas y exploradas en las próximas páginas.

No hagas bromas torpes con un nombre tan bonito comparándolo con cosas como «neurastemia», como hizo alguien una vez con maldad y con una intención oculta. La raíz nour es valiente. Se ha abierto camino en más de una lengua de la misma familia. Se abre camino desde diversas tierras y climas, desde donde se incubó la civilización.

Representa bien su gama. En algún momento, el significado de luz se convirtió en el de fuego. ¡Un cambio de vocal y listo! Nour el nar —luz y brillo y el centelleo del fuego. En otro país, no muy cercano, el contacto marítimo hizo que la raíz se expandiese a otra forma de luz y fuego y chispas. Se convirtió en parte de Koh-i-noor —montaña de luz, el diamante gigante.

En Persia, tenían Nourmahal —luz del harén. En India, Nourjehan —luz del mundo. De toda la luz que englobó para simbolizar el brillo del alma —Nour-eddin, la luz de la religión.

Nourathar

¡Entonces! ¡Ah, entonces! ¡Tú, luz de mi ser! ¡Tú, luz de mis ojos! ¡Tú, luz de mi alma! Ganó monedas en el oro del amor: Nour-Hayati, Nour-Auni, Nour-rouhi.

Es una pena que el discurso del amor no sea solo variado sino también retorcido. Recuerdo a un hombre, ¡ay! Era un americano que se dirigió a una chica de interesante cuna extranjera diciéndole que «siempre habría querido tener a una de esas». Seguro que después tuvo la osadía de preguntarse, como cualquier otro hombre antes y después, por qué se torció la trayectoria del amor verdadero (?).

Athar significa perfurme… y especias, y todas las cosas agradables. Un famoso persa de la antigüedad, Ferid Eddind Attat [Farid al Din Attar], debía su apellido al hecho de que su padre había sido especiero. Quizá hubo algo más allá de eso. Eddin significa religión, creencia espiritual. El Attar de su nombre quizá conlleva, como el Eddin, la idea de la esencia de la religión. Las «esencias», sobre todo de las flores, son una de las «cosas agradables» mencionadas anteriormente.

Athar tiene un ámbito extenso. Puede ser utilizado en el sentido de influencia de cualquier libro u obra que haya hecho época: el Attar de la Biblia, o de una rosa.

El rayo de luz se acerca, en cierto sentido, a una esencia refinada. Nourathar es, por lo tanto, la esencia de una esencia: la luz de todas las luces, el alma de todas las almas.

CREADA, no NACIDA.

Nourathar, the fine art of light color playing, Mary Elizabeth Hallock Greenewalt.

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